La historia de Kevin Mirshahi destaca los problemas entrelazados de fraude en criptomonedas y delitos violentos en Canadá. Como promotor del token Marsan, se vio involucrado en manipulación de precios, lo que llevó a un desplome devastador. Tras un escrutinio regulatorio, continuó con actividades ilícitas hasta su secuestro y asesinato en 2024, revelando los peligros del panorama cripto en medio del aumento de la delincuencia.