En un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad vivía el trader Marco. Sus días transcurrían entre gráficos, velas y cifras que parpadeaban en la pantalla como estrellas en el cielo nocturno. La única persona que no prestaba atención a los mercados era el gato Sírko — un felino peludo con la mirada de quien lo ha visto todo.
Cada mañana, Marco abría el terminal, y Sírko saltaba sobre la mesa y se sentaba junto a él, observando atentamente la pantalla. Cuando Marco se ponía nervioso y intentaba cambiar una operación en el último momento, el gato le daba suavemente con la pata en el brazo, como diciendo: «No te apresures». Pero cuando el día era exitoso, Sírko ronroneaba tan fuerte que parecía la mejor recompensa, incluso más que las ganancias.
Una vez, Marco se dejó llevar — rompió las reglas, siguió sus emociones y rápidamente perdió parte del depósito. Bajó la cabeza, y Sírko se acostó en silencio sobre el teclado, cubriendo el gráfico. En ese momento, Marco entendió: el mercado no necesita prisa, le gusta la tranquilidad.
Desde ese día, Marco operaba con la cabeza fría, y Sírko se convirtió en su talismán. Porque a veces, el mejor trader en la habitación es el gato que sabe cuándo simplemente no hacer nada y dormir, dormir, dormir. 🐈
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La parábola sobre la lección de trading del gato.
En un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad vivía el trader Marco. Sus días transcurrían entre gráficos, velas y cifras que parpadeaban en la pantalla como estrellas en el cielo nocturno. La única persona que no prestaba atención a los mercados era el gato Sírko — un felino peludo con la mirada de quien lo ha visto todo.
Cada mañana, Marco abría el terminal, y Sírko saltaba sobre la mesa y se sentaba junto a él, observando atentamente la pantalla. Cuando Marco se ponía nervioso y intentaba cambiar una operación en el último momento, el gato le daba suavemente con la pata en el brazo, como diciendo: «No te apresures». Pero cuando el día era exitoso, Sírko ronroneaba tan fuerte que parecía la mejor recompensa, incluso más que las ganancias.
Una vez, Marco se dejó llevar — rompió las reglas, siguió sus emociones y rápidamente perdió parte del depósito. Bajó la cabeza, y Sírko se acostó en silencio sobre el teclado, cubriendo el gráfico. En ese momento, Marco entendió: el mercado no necesita prisa, le gusta la tranquilidad.
Desde ese día, Marco operaba con la cabeza fría, y Sírko se convirtió en su talismán. Porque a veces, el mejor trader en la habitación es el gato que sabe cuándo simplemente no hacer nada y dormir, dormir, dormir. 🐈
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