Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia inician oficialmente negociaciones tripartitas, Trump abre con la propuesta de "derecho de entrada permanente"

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El gobierno de Trump y Dinamarca mantienen negociaciones técnicas sobre Groenlandia, con Estados Unidos exigiendo “derechos de entrada permanentes” y explotación de recursos, mientras que Dinamarca se aferra a las cláusulas de consulta del Acuerdo de Defensa de 1951. Se inicia así un juego de soberanía y control.
(Resumen previo: Trump habría ofrecido en Groenlandia un “arrendamiento de 99 años + ciudadanía estadounidense” a cambio de control real, siguiendo el ejemplo del arrendamiento de Hong Kong por Reino Unido en su momento)
(Información adicional: ¿Qué es el acuerdo TACO? Entiende su filosofía de presión máxima de “primero pedir, luego ceder” en las negociaciones con Trump)

Índice del artículo

  • El verdadero costo de la palabra “permanente”
  • ¿Aún puede resistir el viejo escudo de 1951?
  • La ansiedad en Europa y la estrategia bilateral de Trump

Si viste la transmisión del Foro de Davos la semana pasada, quizás pensaste que Trump ya tenía un bolígrafo en mano, listo para convertir Groenlandia en el 51º estado de EE. UU., y que había anunciado con bombo y platillo un “acuerdo marco”.

Pero en realidad, en el lenguaje diplomático, “marco” suele significar solo que hay acuerdo para sentarse a negociar. La verdadera lucha comenzó el 28 de enero en Washington: el secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió con funcionarios de Dinamarca y Groenlandia para discutir los próximos pasos.

El verdadero costo de la palabra “permanente”

Según ABC News, las condiciones que Trump propuso no son solo una expansión militar, sino el “derecho de entrada completo” en algunas áreas de Groenlandia, además de explotar recursos mineros para excluir intereses chinos, y lo más llamativo: el adverbio de tiempo “permanente Forever”.

En los contratos comerciales, nada es realmente para siempre, pero en geopolítica, esas dos palabras representan una transferencia sustancial de soberanía. Trump no solo busca estacionar unos F-35 allí; los analistas creen que también quiere acceder a los minerales de tierras raras en Groenlandia, controlar las rutas del Ártico y desplegar sistemas de defensa con “cúpula dorada”…

Lectura adicional: ¿Por qué Trump está decidido a tomar Groenlandia? ¿Qué secretos guarda esta isla, en un 80% cubierta de hielo?

¿Aún puede resistir el viejo escudo de 1951?

Pero Dinamarca no es solo una víctima pasiva; tiene en su poder un papel amarillento: el Acuerdo de Defensa de 1951. Este documento, firmado en los primeros años de la Guerra Fría, otorgó amplios derechos militares a EE. UU., pero en 2004 ambas partes revisaron el acuerdo, estableciendo que EE. UU. debe consultar y notificar a Dinamarca y Groenlandia antes de realizar “cualquier cambio importante” en sus operaciones o instalaciones militares.

Actualmente, las fuerzas estadounidenses tienen la base espacial de Pituffik en Groenlandia. La intención de Washington es clara: quieren modificar el tratado en estas negociaciones, eliminando esa molesta cláusula de “consulta”.

Es como si el arrendador te alquilara la casa, pero se reservase el derecho de entrar en cualquier momento a revisar las tuberías; y ahora, el inquilino pide cambiar la cerradura y que el arrendador no pueda entrar nunca más.

Los funcionarios daneses en Washington han mostrado una actitud interesante: están dispuestos a usar la flexibilidad del acuerdo actual, a negociar, pero solo bajo sus reglas, siempre que no se cruce la línea roja de la “soberanía”.

La ansiedad en Europa y la estrategia bilateral de Trump

En realidad, la tensión no solo está en Copenhague, sino también en Berlín y París. Los líderes de Dinamarca y Groenlandia se han desplazado esta semana por las capitales europeas, conscientes de que la fuerza de Dinamarca por sí sola no puede resistir la presión de Washington. Politico señala que los aliados europeos están en una encrucijada. Las medidas arancelarias de Trump ya han afectado la economía europea, y una confrontación dura en Groenlandia podría provocar represalias aún más severas.

Dinamarca intenta “europeizar” el asunto de Groenlandia, transformándolo en un tema de soberanía europea para fortalecer su posición en las negociaciones. Pero Trump es experto en “negociaciones bilaterales”: te lleva a una habitación pequeña y te va desgastando uno a uno.

Estamos presenciando un típico acuerdo al estilo Trump: primero propone un precio absurdo (comprar Groenlandia), luego da un paso atrás y obtiene lo que realmente quería (control militar y de recursos de forma permanente), y finalmente afirma que todo es un ganar-ganar. Las próximas semanas de negociaciones técnicas decidirán si EE. UU. puede, sin cambiar la bandera de Groenlandia, obtener las llaves de esa tierra de manera efectiva.

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