Corea del Sur parece estar lista para cambiar su postura sobre las criptomonedas de manera significativa. Después de mantener a las instituciones fuera del mercado desde 2017, los reguladores ahora se están moviendo para permitir que las empresas e inversores profesionales vuelvan a comerciar con criptomonedas.
Para un país que ha sido durante mucho tiempo un peso pesado en el comercio global de criptomonedas, esto no es un ajuste menor. Es un cambio claro en la política que podría transformar la forma en que el dinero institucional interactúa con el mercado.
Los informes de los medios locales sugieren que la Comisión de Servicios Financieros ya está redactando directrices actualizadas. Se espera que las reglas finales se anuncien en enero o febrero, lo que indica que esto no es solo palabras. El proceso ya está en marcha y la línea de tiempo parece mucho más ajustada de lo que muchos habrían esperado.
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En 2017, Corea del Sur cerró la puerta al comercio institucional de criptomonedas porque el mercado parecía caótico. El riesgo de lavado de dinero era rampante, los precios eran volátiles y los reguladores cuestionaban si las empresas deberían incluso tocar los activos digitales.
Ahora el panorama ha cambiado por completo. Los mercados de criptomonedas han madurado, los intercambios operan bajo regulación y los estándares de cumplimiento son mucho más sólidos.
Desde el punto de vista del regulador, las criptomonedas ya no parecen el riesgo incontrolable que alguna vez fueron. Por eso, los funcionarios ahora parecen cómodos reabrir el mercado, siempre que se haga bajo reglas claras.
Las instituciones no tendrán libertad ilimitada. El nuevo marco está diseñado para mantener las cosas controladas y predecibles. Las empresas podrán invertir en criptomonedas, pero solo hasta un 5% de su capital social. Ese límite por sí solo asegura que las criptomonedas sigan siendo una pequeña parte de los balances corporativos, no una dominante.
Además, las empresas solo podrán invertir en las 20 principales criptomonedas por capitalización de mercado. Esto efectivamente dirige el dinero institucional hacia activos establecidos y aleja los tokens más pequeños y riesgosos. Todas las operaciones también deberán pasar por las cinco plataformas reguladas más grandes de Corea del Sur, manteniendo la actividad transparente y fácil de monitorear.
Bitcoin es el claro ganador aquí. Cuando las instituciones intervienen, generalmente buscan activos con alta liquidez, un historial claro y aceptación regulatoria. Bitcoin cumple con todos esos requisitos.
Aunque el límite del 5% en la asignación significa que no deberíamos esperar una afluencia inmediata de capital, el impacto a largo plazo sigue siendo importante.
Permitir que las instituciones vuelvan al mercado añade credibilidad. También ayuda a estabilizar la acción del precio con el tiempo, ya que los inversores institucionales tienden a moverse de manera más lenta y estratégica que los traders minoristas.
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Este movimiento dice mucho sobre cómo los reguladores ahora ven las criptomonedas. La pregunta ya no es si las criptomonedas deberían existir, sino cómo pueden encajar en el sistema financiero sin crear riesgos innecesarios.
El enfoque de Corea del Sur muestra que el acceso controlado puede ser el camino preferido. Si estas reglas entran en vigor como se espera, podrían convertirse en un punto de referencia para otros países de la región, especialmente a medida que continúa el crecimiento de la adopción institucional de criptomonedas.
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