Hace poco me topé con esta historia que da bastante qué pensar. Todo partió con Drake perdiendo millones en bitcoins jugando tragaperras en vivo, pero lo raro no fue la pérdida, sino cómo de repente "Eddie" —Ed Craven, el cofundador de Stake— apareció en pantalla para animarlo, recargándole la billetera y sugiriendo qué juegos jugar. Y aquí viene lo interesante: los datos que analizaron muestran que Drake ganaba premios mayores a una tasa cuatro veces superior al promedio cuando jugaba en las máquinas de Easygo, la matriz de Stake.



Para contexto, Stake es el casino de criptomonedas más grande del mundo ahora. Casi sin regulación, basado en Curazao, con una audiencia brutal. Según reportes, el sitio mueve alrededor de 10 mil millones en apuestas mensuales. Y lo más loco es que la plataforma de streaming Kick, también propiedad de Craven, ha disparado todo esto. Desde que Kick lanzó en 2022, el tráfico de Stake se multiplicó por cinco. Los números que salieron a la luz muestran que stake revenue 2022 fue de 47 mil millones tras pagos de bonos, con un crecimiento del 80% respecto a años anteriores. En diciembre, Craven mismo publicó que el volumen anual de depósitos alcanzó 18 mil millones de dólares.

Lo que me llamó la atención es cómo funciona todo esto. Influencers como Drake, Adin Ross, xQc y Trainwreckstv firmaron contratos de millones para transmitir en vivo apostando en Stake. Algunos de ellos reciben entre 45 y 50 millones semanales en criptomonedas. La gente ve estos videos virales de ganancias masivas y piensa que es normal. Pero aquí está el detalle: algunos de estos streamers admitieron que usan fondos de la plataforma, no dinero propio. Es como un anuncio motivacional disfrazado de juego real.

Y luego está Chris, un adolescente sueco que creó cuenta en Stake sin verificación de edad. Pasó de gastar ocasionalmente a apostar entre 10 mil y 40 mil dólares semanales en bitcoins durante la pandemia. Solicitó autoexclusión varias veces, pero Craven simplemente desbloqueaba su cuenta o la convertía en "suspendida" para que pudiera retirar fondos. En siete años, Chris perdió aproximadamente 1.5 millones de dólares. Cuando finalmente dejó de jugar, se dio cuenta de que eso habría valido entre 15 y 20 millones en la actualidad.

El análisis que hicieron de 500 horas de transmisiones en vivo fue brutal. Drake ganaba premios mayores cada 2,500 giros aproximadamente, mientras que el promedio es uno cada 10,000 giros. Cuando jugaba en máquinas de terceros, su tasa era normal. Stake se negó a compartir datos sobre tasas de victoria y simplemente dijo que los hallazgos eran "completamente erróneos". Pero los números no mienten.

Lo más preocupante es cómo Stake opera en jurisdicciones donde es ilegal. Está bloqueado en Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Australia, pero la gente usa VPN para acceder. Incluso empleados de Easygo en Australia hacen lo mismo. En Estados Unidos, operan bajo un modelo de "sorteo" donde usas monedas virtuales, pero es básicamente lo mismo. Y mientras tanto, Craven vive en una mansión en Melbourne que costó 56.8 millones de dólares.

Las demandas comienzan a llegar. En Missouri acusan a Stake, Drake y Ross de hacer que ganancias estadísticamente imposibles parezcan normales, engañando a jugadores sobre riesgos reales. En California, los acusan de operar el "juego ilegal más grande y rentable de la historia del estado". Pero aquí viene lo absurdo: la licencia de Stake está en una pequeña oficina frente a un cementerio en Curazao. La isla impone multas de 12,500 dólares por violaciones, lo que equivale a aproximadamente un minuto y medio de ingresos por apuestas de Stake.

Una activista holandesa llamada Nardy Cramm ha estado luchando contra esto desde Curazao. Ha ayudado a más de 100 jugadores a recuperar 15 millones de euros en acuerdos, pero dice que Stake es especialmente difícil. Niega todo, presenta contrademandas, retrasa procedimientos. Su estructura corporativa está dispersa globalmente: entidad principal en Curazao, sede en Australia, procesamiento de pagos en Chipre, desarrolladores en Reino Unido, call center en Serbia. Es prácticamente imposible rastrear.

Lo que me queda claro es que stake revenue 2022 fue solo el comienzo. Este modelo de influencers transmitiendo ganancias aparentemente ilimitadas a audiencias jóvenes, combinado con verificación mínima de identidad y tasas que parecen manipuladas, es un coctel tóxico. Dos exempleados de Stake mencionaron que la bandeja de entrada de redes sociales de la empresa estaba llena de amenazas de suicidio de jugadores problemáticos. Eso debería ser suficiente para que alguien actúe.

Drake volvió a transmitir después de criticar a Stake por no dejarlo retirar fondos. Ross se fue a Rainbet con un contrato de 100 millones. Pero Chris, el sueco, finalmente se alejó. Aunque sigue recibiendo cientos de dólares mensuales en comisiones por referidos, lo que le recuerda constantemente cuánto perdió. Su caso legal en Curazao sigue pendiente. La pregunta es: ¿cuántos más como él habrá antes de que algo cambie realmente?
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