La vida, ¿quién no es una pieza? Desde los poderosos de élite hasta los ciudadanos comunes, todos son piezas.


Solo que, cada cual está en un tablero distinto y la categoría del jugador que mueve las piezas también es diferente.
Los poderosos de élite, arrastrados por la corriente de la época y manipulados por la maquinaria del Estado, están en el tablero más alto del mundo; aun así son piezas, solo que son piezas más valiosas, supongo,
los ciudadanos comunes, controlados por la vida, por el trabajo, por los superiores o por el jefe, también son piezas.
La gran mayoría de las personas son piezas; nadie es más libre que otro adondequiera que vaya. Solo que, en distintos tableros, las piezas no logran comprender al jugador que mueve las piezas del otro tablero.
Para salir de la identidad de ser una pieza, hay dos métodos:
El más difícil y también el más sencillo, es convertirse en el jugador que mueve las piezas; son pocos, raros, en este mundo, personas extraordinarias.
Lo más sencillo y también lo más difícil es renunciar a todas las búsquedas y a las obsesiones, salir del tablero; naturalmente, también se escapa del control del jugador que mueve las piezas. Lamentablemente, la gran mayoría no puede hacerlo.
La comodidad de liberarse del tablero: cuanto más alto sea el nivel de la pieza, más difícil será; quizá sea esa la atadura natural que trae un tablero superior. Renunciar será aún más difícil; y si además hay que renunciar a los beneficios, la dificultad se multiplica.
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