El núcleo del poder no es solo controlar el comportamiento, sino controlar cómo las personas entienden la realidad. Quien logre que su interpretación sea aceptada por más personas posee una mayor influencia. Por lo tanto, la lucha por el poder no es solo una disputa por recursos o instituciones, sino que implica: la configuración del pensamiento, la establecimiento de reglas, la extensión de la voluntad y la disputa de la subjetividad.

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