En 1995, un hombre se frotó jugo de limón en la cara y asaltó dos bancos.


Creía que lo haría invisible a las cámaras.
¿Su prueba? Una Polaroid donde "no aparecía."
El limón le quemó los ojos, así que apuntó la cámara al techo.
Arrestado en pocas horas.
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