Todos recordamos esa euforia. Bitcoin rompía barreras, Ethereum hacía historia, y cada proyecto con la etiqueta de «Web3» recogía decenas de millones sin esfuerzo. En 2021, el sector de las criptomonedas vivió un auge sin precedentes — los fondos de capital riesgo temían perderse otro «moonshot». Las estadísticas hablan claramente: las startups cripto recaudaron 25,2 mil millones de dólares, lo que supuso un aumento del 713% respecto a 2020. Fueron tiempos locos.
Cuatro años después llega la «ola muerta» — la realidad que borra las ilusiones. De más de 400 proyectos mejor financiados de aquel período, la gran mayoría ha desaparecido. Han quebrado, se han arruinado, o se han convertido en zombis virtuales — proyectos sin ninguna señal de vida. De las 500 startups top de 2021, hasta 67 casos representativos han fracasado o muestran una actividad mínima, y la cantidad total invertida en ellos superó los 5 mil millones de dólares.
Plataformas financieras centralizadas — catástrofe del modelo de negocio
Las primeras víctimas son las llamadas soluciones financieras institucionales. Plataformas de préstamos que prometían a los usuarios retornos astronómicos, colapsaron como casas de naipes. Una de ellas — recaudó 750 millones de dólares y garantizaba un 18% de retorno anual, confió en ella cientos de miles de personas. Su token cayó de 8 dólares a 0,02 dólares — pérdida del 99,73%.
De manera similar, fracasaron plataformas de préstamos que supuestamente regulaban y «institucionalizaban» el sector. BlockFi, Voyager Digital, Babel Finance — nombres que en 2021 prometían seguridad y profesionalismo. En total, recaudaron más de 500 millones de dólares en financiamiento, y en la crisis de liquidez de 2022 colapsaron en efecto dominó. Los mayores espectáculos suelen preceder a las mayores caídas.
NFT y Metaverso — disolución de la ilusión colectiva
Las segundas áreas de fracaso afectaron a todo el ecosistema NFT y Metaverso. En 2021, todos hablaban de parcelas virtuales, arte digital y ganar jugando. Los proyectos Play-to-Earn atrajeron multitudes de entusiastas.
Un ejemplo es Axie Infinity — un juego que recaudó 159,5 millones de dólares con la idea de «gana jugando». Su token AXS alcanzó un precio de 164,9 dólares. En países en desarrollo, especialmente en Filipinas, miles de personas dejaron su trabajo normal para dedicarse a tiempo completo a obtener oro virtual en ese juego, viéndolo como una oportunidad para cambiar su vida.
Pero resultó ser un sistema que requería una afluencia constante de nuevos jugadores — una pirámide financiera. Cuando el modelo colapsó, AXS cayó un 99,49% hasta 0,85 dólares. Las personas que invirtieron todos sus ahorros aprendieron una dura lección: ganar sin un valor básico es una ilusión.
Lo mismo ocurrió con los proyectos insignia del metaverso. Uno de ellos recaudó 93 millones de dólares, y sus parcelas NFT virtuales en 2021 estaban agotadas, con un token que alcanzaba los 8,4 dólares. Hoy, ese mundo está en silencio. Eventos esporádicos atraen a unos pocos participantes, y la sección de comentarios en redes sociales está completamente muerta.
Lección final: el 5% que crea valor real
Analizar los escombros de aquel ciclo revela una verdad brutal: la mayoría son productos especulativos de una sola temporada, y los proyectos que generan valor duradero representan menos del 5%. A estos pocos generalmente solo se les reconoce cuando el mercado cae a su nivel más bajo.
La historia se repite. El año 2025 se acerca a su fin, y un nuevo ciclo ya está en marcha. Cuando pase la próxima «ola muerta», ¿cuántos de los actuales líderes resultarán estar «vestidos con bañadores» — bonitos al sol, pero sin fundamentos en la tormenta?
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
Cuando la «ola muerta» se lleva los sueños de 2021 — ¿qué pasó con los proyectos mega-financiados?
Todos recordamos esa euforia. Bitcoin rompía barreras, Ethereum hacía historia, y cada proyecto con la etiqueta de «Web3» recogía decenas de millones sin esfuerzo. En 2021, el sector de las criptomonedas vivió un auge sin precedentes — los fondos de capital riesgo temían perderse otro «moonshot». Las estadísticas hablan claramente: las startups cripto recaudaron 25,2 mil millones de dólares, lo que supuso un aumento del 713% respecto a 2020. Fueron tiempos locos.
Cuatro años después llega la «ola muerta» — la realidad que borra las ilusiones. De más de 400 proyectos mejor financiados de aquel período, la gran mayoría ha desaparecido. Han quebrado, se han arruinado, o se han convertido en zombis virtuales — proyectos sin ninguna señal de vida. De las 500 startups top de 2021, hasta 67 casos representativos han fracasado o muestran una actividad mínima, y la cantidad total invertida en ellos superó los 5 mil millones de dólares.
Plataformas financieras centralizadas — catástrofe del modelo de negocio
Las primeras víctimas son las llamadas soluciones financieras institucionales. Plataformas de préstamos que prometían a los usuarios retornos astronómicos, colapsaron como casas de naipes. Una de ellas — recaudó 750 millones de dólares y garantizaba un 18% de retorno anual, confió en ella cientos de miles de personas. Su token cayó de 8 dólares a 0,02 dólares — pérdida del 99,73%.
De manera similar, fracasaron plataformas de préstamos que supuestamente regulaban y «institucionalizaban» el sector. BlockFi, Voyager Digital, Babel Finance — nombres que en 2021 prometían seguridad y profesionalismo. En total, recaudaron más de 500 millones de dólares en financiamiento, y en la crisis de liquidez de 2022 colapsaron en efecto dominó. Los mayores espectáculos suelen preceder a las mayores caídas.
NFT y Metaverso — disolución de la ilusión colectiva
Las segundas áreas de fracaso afectaron a todo el ecosistema NFT y Metaverso. En 2021, todos hablaban de parcelas virtuales, arte digital y ganar jugando. Los proyectos Play-to-Earn atrajeron multitudes de entusiastas.
Un ejemplo es Axie Infinity — un juego que recaudó 159,5 millones de dólares con la idea de «gana jugando». Su token AXS alcanzó un precio de 164,9 dólares. En países en desarrollo, especialmente en Filipinas, miles de personas dejaron su trabajo normal para dedicarse a tiempo completo a obtener oro virtual en ese juego, viéndolo como una oportunidad para cambiar su vida.
Pero resultó ser un sistema que requería una afluencia constante de nuevos jugadores — una pirámide financiera. Cuando el modelo colapsó, AXS cayó un 99,49% hasta 0,85 dólares. Las personas que invirtieron todos sus ahorros aprendieron una dura lección: ganar sin un valor básico es una ilusión.
Lo mismo ocurrió con los proyectos insignia del metaverso. Uno de ellos recaudó 93 millones de dólares, y sus parcelas NFT virtuales en 2021 estaban agotadas, con un token que alcanzaba los 8,4 dólares. Hoy, ese mundo está en silencio. Eventos esporádicos atraen a unos pocos participantes, y la sección de comentarios en redes sociales está completamente muerta.
Lección final: el 5% que crea valor real
Analizar los escombros de aquel ciclo revela una verdad brutal: la mayoría son productos especulativos de una sola temporada, y los proyectos que generan valor duradero representan menos del 5%. A estos pocos generalmente solo se les reconoce cuando el mercado cae a su nivel más bajo.
La historia se repite. El año 2025 se acerca a su fin, y un nuevo ciclo ya está en marcha. Cuando pase la próxima «ola muerta», ¿cuántos de los actuales líderes resultarán estar «vestidos con bañadores» — bonitos al sol, pero sin fundamentos en la tormenta?