El panorama mundial tras el fin de la Segunda Guerra Mundial cambió rápidamente. Con la expansión constante de la influencia soviética, Estados Unidos comenzó a reevaluar la importancia estratégica de la región del Ártico. Groenlandia, esta masa de hielo, de repente se convirtió en un tablero de competencia entre grandes potencias.
De “adquisición” a “acuerdo”: la estrategia de Estados Unidos de dar un paso atrás
En 1946, el Departamento de Estado de Estados Unidos propuso una idea audaz: comprar Groenlandia directamente a Dinamarca. En ese momento, el Secretario de Estado, Byrnes, incluso en una reunión confidencial en Nueva York, entregó al Ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca, Rasmussen, un memorando que sugería de manera informal: dado que estratégicamente Estados Unidos necesitaba ese territorio para hacer frente a la amenaza soviética, y que para Dinamarca solo representaba una carga económica, sería mejor venderlo directamente, de manera sencilla y clara. Estados Unidos incluso estaba dispuesto a ofrecer el área de Barrow en Alaska más 100 millones de dólares a cambio.
Finalmente, esta propuesta fue rechazada por Dinamarca. A simple vista, parecía una cuestión de soberanía y principios de integridad territorial, pero las razones más profundas merecen una reflexión más profunda.
La sombra de la Unión Soviética: las verdaderas consideraciones de Dinamarca
En ese momento, la fuerza de la Unión Soviética estaba en su apogeo, y toda Europa estaba bajo la sombra de esa potencia. Si Dinamarca entregaba Groenlandia a Estados Unidos, no solo significaba que Estados Unidos tomaría el control total del Ártico, sino que también podría enfurecer a la Unión Soviética, provocando represalias en el Mar Báltico contra territorio danés. Frente a la amenaza soviética, Dinamarca se encontraba en una situación de dilema.
Bases militares: la ganancia final de Estados Unidos
Aunque el plan de compra fracasó, Estados Unidos no se rindió. A través de la presión, finalmente logró que Dinamarca firmara el “Acuerdo de Defensa de Groenlandia entre EE. UU. y Dinamarca”. Según el acuerdo, Estados Unidos obtuvo el derecho a construir bases militares en el noroeste de Groenlandia, como la actual Base Aérea de Thule (que ahora se llama Base Espacial Pituffik).
Desde una perspectiva estratégica, aunque Estados Unidos no gastó 1 cien millones de dólares para adquirir esa tierra, mediante el acuerdo obtuvo derechos exclusivos de uso militar, evitando además los enormes costos de gestionar la vida y la economía local. En el gran tablero de la Guerra Fría, Estados Unidos completó su despliegue geoestratégico a través de la diplomacia, y todo ello impulsado por la necesidad de contener y defenderse de la expansión soviética.
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Cómo Estados Unidos lleva la delantera en la cuestión de Groenlandia: el juego geopolítico durante la Guerra Fría
El panorama mundial tras el fin de la Segunda Guerra Mundial cambió rápidamente. Con la expansión constante de la influencia soviética, Estados Unidos comenzó a reevaluar la importancia estratégica de la región del Ártico. Groenlandia, esta masa de hielo, de repente se convirtió en un tablero de competencia entre grandes potencias.
De “adquisición” a “acuerdo”: la estrategia de Estados Unidos de dar un paso atrás
En 1946, el Departamento de Estado de Estados Unidos propuso una idea audaz: comprar Groenlandia directamente a Dinamarca. En ese momento, el Secretario de Estado, Byrnes, incluso en una reunión confidencial en Nueva York, entregó al Ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca, Rasmussen, un memorando que sugería de manera informal: dado que estratégicamente Estados Unidos necesitaba ese territorio para hacer frente a la amenaza soviética, y que para Dinamarca solo representaba una carga económica, sería mejor venderlo directamente, de manera sencilla y clara. Estados Unidos incluso estaba dispuesto a ofrecer el área de Barrow en Alaska más 100 millones de dólares a cambio.
Finalmente, esta propuesta fue rechazada por Dinamarca. A simple vista, parecía una cuestión de soberanía y principios de integridad territorial, pero las razones más profundas merecen una reflexión más profunda.
La sombra de la Unión Soviética: las verdaderas consideraciones de Dinamarca
En ese momento, la fuerza de la Unión Soviética estaba en su apogeo, y toda Europa estaba bajo la sombra de esa potencia. Si Dinamarca entregaba Groenlandia a Estados Unidos, no solo significaba que Estados Unidos tomaría el control total del Ártico, sino que también podría enfurecer a la Unión Soviética, provocando represalias en el Mar Báltico contra territorio danés. Frente a la amenaza soviética, Dinamarca se encontraba en una situación de dilema.
Bases militares: la ganancia final de Estados Unidos
Aunque el plan de compra fracasó, Estados Unidos no se rindió. A través de la presión, finalmente logró que Dinamarca firmara el “Acuerdo de Defensa de Groenlandia entre EE. UU. y Dinamarca”. Según el acuerdo, Estados Unidos obtuvo el derecho a construir bases militares en el noroeste de Groenlandia, como la actual Base Aérea de Thule (que ahora se llama Base Espacial Pituffik).
Desde una perspectiva estratégica, aunque Estados Unidos no gastó 1 cien millones de dólares para adquirir esa tierra, mediante el acuerdo obtuvo derechos exclusivos de uso militar, evitando además los enormes costos de gestionar la vida y la economía local. En el gran tablero de la Guerra Fría, Estados Unidos completó su despliegue geoestratégico a través de la diplomacia, y todo ello impulsado por la necesidad de contener y defenderse de la expansión soviética.