Gate News, marzo de 2026: los activos tradicionales de refugio, como el oro, enfrentaron una caída histórica de casi un siglo, con el precio cayendo rápidamente desde un máximo de 5,193 dólares por onza a 4,098 dólares, una caída cercana al 21%, marcando la racha de caídas más larga desde 1920. Aunque posteriormente se recuperó a 4,559 dólares, en general sigue en una fase de corrección significativa.
Esta caída no fue simplemente una corrección técnica, sino una manifestación de un cambio en la lógica de valoración macroeconómica. La analista de Bloomberg, Katie Greifeld, señaló que la caída de diez días consecutivos en el oro refleja una reevaluación de su función como activo de refugio. Durante ese período, varios ETFs de oro experimentaron salidas masivas de fondos, mientras que los ETFs relacionados con Bitcoin registraron una entrada neta de aproximadamente 2.500 millones de dólares, evidenciando un cambio claro en los flujos de capital.
En contraste con el oro, Bitcoin se mantuvo estable en medio de la turbulencia, cotizando por encima de los 70,000 dólares. A pesar de la tensión en Oriente Medio, el aumento en los precios del petróleo y la mayor incertidumbre sobre la trayectoria de las tasas de interés, Bitcoin mostró una mayor resistencia, siendo cada vez más considerado por algunos inversores como una reserva de valor alternativa.
A nivel macroeconómico, la Reserva Federal mantuvo en marzo un rango de tasas del 3.5% al 3.75%, y emitió una señal de solo una bajada de tasas en todo el año, fortaleciendo la tendencia del dólar y presionando a los activos sin rendimiento como el oro. Además, el aumento en los precios de la energía elevó las expectativas de inflación, manteniendo las tasas reales en niveles elevados y reduciendo aún más el atractivo del oro.
Por otro lado, el precio de Bitcoin comenzó a desvincularse gradualmente del marco sensible a las tasas de interés, dependiendo más de la asignación institucional, los flujos de fondos en ETFs y la lógica de asignación de activos a largo plazo. La correlación actual entre oro y Bitcoin ha caído a -0.31, indicando una divergencia clara en sus movimientos.
Aunque en el corto plazo enfrenta presiones, existen desacuerdos sobre su perspectiva a largo plazo. Peter Schiff considera que esta corrección es similar a una fase de retroceso en el ciclo de 2008, mientras que JPMorgan y Deutsche Bank mantienen su objetivo de que el precio del oro supere los 6,000 dólares en 2026.
El rumbo futuro dependerá de la situación geopolítica y de la trayectoria de la política monetaria. Si la inflación disminuye y se reavivan las expectativas de recortes en las tasas, el oro podría volver a encontrar soporte; por otro lado, Bitcoin continuará beneficiándose de los cambios en la estructura de fondos y la expansión de la demanda institucional.